En cuanto a similitudes, tal y como comenta Spruce, independientemente de la modalidad formativa un docente debe ser: Cordial, Capacidad de Aceptación, Honrado, Empática y con Escucha Activa. Así mismo, añadiría las capacidades de organizativo y social en ambos contextos el contenido debe estar bien organizado y el alumno debe sentir el apoyo del profesor durante su aprendizaje y no sentirse “solo ante el mundo”.
También, estaría de acuerdo en que en ambos casos debe ser como la Comisión Europea indica: de diagnóstico, de realización, integración y vinculadas a la personalidad. Las dos primeras a priori es difícil detectar en tiempo real en formatos online (de momento) a diferencia de la formación presencial, pero se pueden apreciar en si los alumnos están animados y van completando las distintas fases del curso, a través del correo electrónico o en el foro de dudas.
En cuanto a las habilidades intelectuales a día de hoy son afines a los dos también, ya que en las clases presenciales también se emplean hoy en día recursos didácticos digitales: visualización de videos online, audios, noticias online… tanto durante la clase como fuera de ella, donde el profesor atiende dudas también mediante el correo electrónico e incluso el tutor dispone un blog sobre la asignatura que sirve como apoyo al alumno durante el aprendizaje.
Por lo que entiendo que la principal diferencia radica, o al menos bajo mi experiencia, en que el formador online añade un rol más orientador que director de la orquestas, acompañando al alumno en su aprendizaje y actuando de esta forma como un guía de su aprendizaje. Y como capacidad habría que asumir un rol más técnico en la modalidad online ya que cuando al alumno no le salen las notas, tiene fallos técnicos o no puede entrar a la plataforma al primero que le envía una notificación es al profesor, en lugar de a soporte técnico del centro de formación.
También, estaría de acuerdo en que en ambos casos debe ser como la Comisión Europea indica: de diagnóstico, de realización, integración y vinculadas a la personalidad. Las dos primeras a priori es difícil detectar en tiempo real en formatos online (de momento) a diferencia de la formación presencial, pero se pueden apreciar en si los alumnos están animados y van completando las distintas fases del curso, a través del correo electrónico o en el foro de dudas.
En cuanto a las habilidades intelectuales a día de hoy son afines a los dos también, ya que en las clases presenciales también se emplean hoy en día recursos didácticos digitales: visualización de videos online, audios, noticias online… tanto durante la clase como fuera de ella, donde el profesor atiende dudas también mediante el correo electrónico e incluso el tutor dispone un blog sobre la asignatura que sirve como apoyo al alumno durante el aprendizaje.
Por lo que entiendo que la principal diferencia radica, o al menos bajo mi experiencia, en que el formador online añade un rol más orientador que director de la orquestas, acompañando al alumno en su aprendizaje y actuando de esta forma como un guía de su aprendizaje. Y como capacidad habría que asumir un rol más técnico en la modalidad online ya que cuando al alumno no le salen las notas, tiene fallos técnicos o no puede entrar a la plataforma al primero que le envía una notificación es al profesor, en lugar de a soporte técnico del centro de formación.

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